Se ha escrito sin pausa en la prensa española e internacional sobre la grave situación económica actual, sus increíbles orígenes, sus dañinas consecuencias inmediatas y con relación a algunas de sus más sorprendentes secuelas. Hoy ya nadie discute que la crisis representa la más penosa situación, en especial en materia de desempleo y penuria social para millones de familias, desde lo acontecido en la Gran Depresión del siglo pasado.
La mayoría de los economistas, centros de investigación, bancos centrales y organismos internacionales se equivocaron todos en materia muy grave: no vieron venir la crisis, y una vez iniciada, tampoco comprendieron su verdadera dimensión. Todos, casi al unísono, se empeñaron en hablar durante muchos meses de que se trataba sólo de una desaceleración cíclica del ritmo de actividad. Los pocos que opinaban lo contrario, fueron tildados –por lo menos- de catastrofistas.
Los políticos de turno intentaron en una u otra ocasión negar, disminuir o desdibujar la compleja realidad, probablemente a sabiendas de que la gran mayoría de la población estaba ya sufriendo, y sufriría aún más, las consecuencias de actos de irresponsabilidad sin precedentes por parte ellos mismos y de otros contados actores económicos y sociales, encabezados por unos cuantos banqueros, constructores y diversos agentes especuladores.
Pero la cruda realidad, más de 24 meses después de haberse iniciado formalmente la Gran Recesión y de millones de millones de dólares gastados en rescate de bancos y paquetes de estímulo fiscal, sigue mostrando los daños –en muchos casos irreparables-causados. En efecto, en febrero de 2010 en EE.UU se destruyeron 36.000 puestos de trabajo y en España más de 80.000. Reconocidos académicos advierten que millones de los trabajos destruidos nunca se podrán recuperar. El presidente de la firma OHL, una de las más prestigiosas empresas constructoras en España, afirmó que 1.000.000 de empleos locales perdidos en la construcción no volverán a crearse. Muy grave para una economía que adolece de competitividad y productividad a nivel internacional.
Pero, con alta probabilidad, cosas aún más graves podrían ocurrir. En el caso griego, por ejemplo, el nuevo gobierno elegido en octubre anterior ha tenido que enfrentar en los últimos meses la más cruda afrenta financiera en los mercados internacionales al haber constatado que las cifras económicas oficiales habían venido siendo manipuladas y falseadas; en particular, el déficit fiscal del país –se comprobó- es de cerca del 13% del PIB y no inferior al 4% como se hacía creer sólo hace algunos meses. La UE sólo permite que sus miembros registren –como máximo- 3% de déficit.
Como consecuencia de lo anterior, Grecia ha tenido serias dificultades para refinanciar vencimientos próximos de su cuantiosa deuda externa –superior en un 130% al PIB- y, no obstante haber recibido el apoyo político claro de Alemania y Francia, parece estar condenada a pagar un interés con una enorme prima por encima de los niveles de la deuda de otros países de la zona Euro. Esta situación le está acarreando a Grecia aún mayores problemas de financiación, los cuales podrían llevarla a una situación insostenible; muy probablemente el país se verá en la necesidad de ser rescatado de manera formal de su propia crisis, tal y como hemos visto ha ocurrido con muchos bancos en el pasado reciente. La UE y el FMI tendrían que salir a su rescate.
Aún así, para muchos analistas independientes la situación es aún más grave. El profesor Martin Feldstein, de la universidad de Harvard, declaró el pasado 12 de febrero que el Euro no estaba funcionando. Días más tarde, el financista George Soros aseveró que la moneda común se podría desintegrar a no ser que la UE se transformara en una verdadera “Unión Política”.
Otros observadores independientes y de indiscutible prestigio académico van aún más lejos. El profesor de Princeton Paul Krugman, por ejemplo, dijo en su reciente columna del New York Times “Anatomy of a Euromess” ( 9 de febrero de 2010) que “…si bien es cierto que Grecia está contra la pared…el tamaño de su economía es muy pequeño…” para causar una grave e irremediable crisis en el Euro. Desde el punto de vista económico, continuó escribiendo el Dr. Krugman “…el corazón de la crisis está en España, cuya economía es mucho más grande…”.
Y, evidentemente, si -como lo creemos- los supuestos utilizados por el Gobierno del Sr. Zapatero y su ministra de Economía la Sra. Salgado no están correctos, cuando justifican el mejoramiento de la actividad económica en España en el curso de los próximos trimestres, la realidad terminará siendo que el mayor reto para Europa y para el Euro podría ser la grave encrucijada fiscal y financiera en la cual se podría encontrar España en los próximos semestres. Sin duda, ella podría ser la verdadera tragedia griega. Para evitarla, debería pedírsele a la sociedad entera, especialmente a los más ricos –y en particular a las grandes empresas que usufrutuaron los años de las “vacas gordas”- una contribución tributaria única y especial. A manera de reinversión modesta -para ellos- de enormes utilidades acumuladas en los años anteriores. Sería un noble gesto -además de indispensable, creemos- para el futuro despejado y la estabilidad vital del país hoy en entredicho. Con soluciones como los “paños de aguas tibias” que se discuten al más alto nivel por estos días en el seno de los partidos políticos no se iría a puerto seguro.
Showing posts with label Financial Market. Show all posts
Showing posts with label Financial Market. Show all posts
Tuesday, March 9, 2010
Saturday, November 14, 2009
No desconecten el Respirador Artificial, por favor!
Se han conocido en las últimas horas las cifras sobre la evolución del PIB en Europa. En los últimos doce meses, a octubre de 2009, la caída del PIB es del 4,1 por ciento para la zona euro, y del 4,3 para la Europa de los 27. Alemania, de lejos la principal potencia de la región muestra cifras muy negativas (-4,8%); y El Reino Unido y España, profundamente inmersos en la crisis por sus propias causas, los abusos extremos y la irresponsabilidad de los dirigentes y usuarios que los llevaron a la debacle en la banca y en la industria de la construcción, respectivamente, siguen acusando problemas severos que se reflejan en las respectivas caídas de su PIB en los últimos doce meses, -5,2% y -4%.
La evolución de las estadísticas en los dos últimos trimestres muestran una endeble mejoría en Alemania y Francia, cuyos PIB han crecido modestamente 0,7% y 0,3%, respectivamente a finales de octubre de 2009, siguiendo la tendencia positiva pero muy pobre del trimestre inmediatamente anterior.
En El Reino Unido y España, las cifras hasta octubre siguen siendo negativas con relación al trimestre anterior, -0,4% y -0,3%, respectivamente, mostrando la realidad distinta y peculiar en estos países.
Muchos políticos y comentaristas han aprovechado la publicación de las anteriores cifras para comentar, sin perder un sólo minuto, que la recuperación ya ha llegado en el ámbito de las grandes potencias europeas, o que está por llegar en los países más pequeños como es el caso de Italia y de España.
Me temo que voy a tener que apaciguar la euforia desmedida. La economía mundial está aún en entredicho. Las enormes ayudas y cuantiosos rescates a bancos y a otros actores económicos, se han agotado -a un costo fiscal enorme y muy peligroso para la estabilidad futura de las economías y su propia recuperación-; en la zona Euro, por ejemplo, el déficit fiscal es aún manejable -2% del PIB-, pero en España, se está saliendo de control -se acerca peligrosamente al 10% del PIB-. Estos nuevos excesos tendrán, sin ninguna duda, graves consecuencias futuras en cuanto a la estabilidad monetaria y cambiaria se refiere, y en relación, especialmente, con la limitación obligada de la futura inversión social pública.
Y como lo sugería el profesor Jeffrey Sachs en su reciente artículo en el Financial Times del 10 de noviembre de 2009, los gobiernos -refiriéndose de manera específica al de Obama- han metido a los países en enormes déficits fiscales en medio de la presente crisis, sin haber tenido en cuenta que la tarea más prioritaria ha debido ser la de rescatar el crecimiento de la actividad productiva en las economías mediante programas de estímulo fiscal orientados a sectores estructurales prioritarios para la sociedad y el futuro de la misma, tales como la educación, la salud, la investigación y la construcción de infraestructura productiva en transportes, comunicaciones y energías renovables y de baja contaminación, etc.; dicho estímulo fiscal, estima el profesor Sachs, hubiera contribuído tanto a proteger como a generar empleos estables y duraderos, al paso que hubiera también extendido de manera enorme la rentabilidad social de dichas inversiones.
Pero, veamos a continuación, algunas otras de las razones que me llevan a ser un poco más prudente que muchos con el pronóstico de la actividad económica futura.
El índice ZEW de confianza económica en Alemania -por ejemplo-, país que sabemos es el gran motor de la economía europea, ha vuelto a caer en noviembre de 2009 a 51,1 de 56,0 que registraba en el mes de octubre. No por casualidad, el índice del sentimiento del consumidor -Reuters y Universidad de Michigan- en los EE.UU volvió también a caer en noviembre de 2009, al mínimo de tres meses, registrando la cifra de 66 frente a la de 70,6 alcanzada en octubre anterior. Desafortunadamente, estos índices nos podrían estar presagiando una pésima temporada de ventas en las festividades navideñas -crucial para la mayoría de distribuidores al consumidor final-, confirmando así la reestructuración que se viene dando en la utilización del ingreso disponible por parte de los hogares, al estar prefiriendo el ahorro al consumo: es decir, prefiriendo la prudencia frente a la tradicional irresponsable frivolidad a costa de niveles mayores de gravoso endeudamiento. Ésta es probablemente una de las grandes enseñanzas de la actual crisis: el consumidor podría estar cambiando sus patrones de consumo de forma radical y permanente. Mala señal ésta para las empresas acostumbradas al consumo fácil y desmedido de sus productos, sin ofrecer realmente valor y utilidad objetiva a sus consumidores.
De otra parte, en Italia y España, especialmente, siguen cayendo la inversión y el consumo. La producción Industrial, por ejemplo, disminuyó en ambos países en septiembre de 2009, último mes para el que se tienen cifras, en -5,3% y -1,4%, respectivamente, cuando el promedio de crecimiento en la zona Euro fué del 0,3% en el mismo período. Las ventas al por menor, por su parte, volvieron a caer en septiembre en España en el 1%, al mismo tiempo que en la Europa de los 27 sólamente disminujyeron en un 0,4%.
Es inexplicable, entonces, sino se tiene en cuenta la especulación que todo lo distorsiona, la euforia reinante en el mercado bursátil y la excesiva alegría, quien lo podría imaginar, en el índice bursátil más modesto de Europa -el Ibex 35, que está representado en un más del 60% por sólo cuatro ó cinco empresas españolas- y que, en medio de la actual crisis pronunciada del país y sus lúgubres perspectivas a corto y mediano plazos, ha subido este año en más del 60 por ciento desde los bajos de marzo de 2009.
En las próximas semanas conoceremos los resultados reales de las ventas navideñas en los principales países -las cuales me temo van a ser más modestas de lo esperado por muchos-. Lamentablemente, tendremos que volver a poner los "piés en el suelo", especialmente en el ámbito de los mercados bursátiles y de los despachos ministeriales de muchos países, especialmente en España. Como consecuencia de lo anterior, conoceremos nuevas cifras de desempleo creciente, tanto en Europa como en los EE.UU. y otros países.
Ante este panorama, los gobiernos no deberían desestimar la gravedad de esta Gran Recesión y sus imborrables consecuencias. Sin duda, si desconectamos el respirador artificial de la economía mundial en los próximos meses -como ya lo están insinuando varios políticos prominentes, que debería hacerse pronto-, veremos materializar una nueva caída en la actividad económica mundial, tal y como lo prevée que ocurriría en estas circunstancias, la teoría de la reactivación económica frente a problemas severos de demanda agregada.
Quizas esta penosa situación sea la única razón por la cual la sociedad, al final de todo este doloroso episodio económico y social que ha materializado esta Gran Recesión, se dedicará de manera más seria, febril y sostenida al mejoramiento de los fundamentos claves para un futuro verdaderamente saludable y estable para la sociedad. Y ello sólo se logrará mediante una gran inversión en educación y salud -principalmente-, enfrentando así de una vez por todas las verdaderas causas del penoso cáncer de la pobreza estructural en tantos países hoy en día, incluyendo -claro está- a las principales potencias del mundo.
La evolución de las estadísticas en los dos últimos trimestres muestran una endeble mejoría en Alemania y Francia, cuyos PIB han crecido modestamente 0,7% y 0,3%, respectivamente a finales de octubre de 2009, siguiendo la tendencia positiva pero muy pobre del trimestre inmediatamente anterior.
En El Reino Unido y España, las cifras hasta octubre siguen siendo negativas con relación al trimestre anterior, -0,4% y -0,3%, respectivamente, mostrando la realidad distinta y peculiar en estos países.
Muchos políticos y comentaristas han aprovechado la publicación de las anteriores cifras para comentar, sin perder un sólo minuto, que la recuperación ya ha llegado en el ámbito de las grandes potencias europeas, o que está por llegar en los países más pequeños como es el caso de Italia y de España.
Me temo que voy a tener que apaciguar la euforia desmedida. La economía mundial está aún en entredicho. Las enormes ayudas y cuantiosos rescates a bancos y a otros actores económicos, se han agotado -a un costo fiscal enorme y muy peligroso para la estabilidad futura de las economías y su propia recuperación-; en la zona Euro, por ejemplo, el déficit fiscal es aún manejable -2% del PIB-, pero en España, se está saliendo de control -se acerca peligrosamente al 10% del PIB-. Estos nuevos excesos tendrán, sin ninguna duda, graves consecuencias futuras en cuanto a la estabilidad monetaria y cambiaria se refiere, y en relación, especialmente, con la limitación obligada de la futura inversión social pública.
Y como lo sugería el profesor Jeffrey Sachs en su reciente artículo en el Financial Times del 10 de noviembre de 2009, los gobiernos -refiriéndose de manera específica al de Obama- han metido a los países en enormes déficits fiscales en medio de la presente crisis, sin haber tenido en cuenta que la tarea más prioritaria ha debido ser la de rescatar el crecimiento de la actividad productiva en las economías mediante programas de estímulo fiscal orientados a sectores estructurales prioritarios para la sociedad y el futuro de la misma, tales como la educación, la salud, la investigación y la construcción de infraestructura productiva en transportes, comunicaciones y energías renovables y de baja contaminación, etc.; dicho estímulo fiscal, estima el profesor Sachs, hubiera contribuído tanto a proteger como a generar empleos estables y duraderos, al paso que hubiera también extendido de manera enorme la rentabilidad social de dichas inversiones.
Pero, veamos a continuación, algunas otras de las razones que me llevan a ser un poco más prudente que muchos con el pronóstico de la actividad económica futura.
El índice ZEW de confianza económica en Alemania -por ejemplo-, país que sabemos es el gran motor de la economía europea, ha vuelto a caer en noviembre de 2009 a 51,1 de 56,0 que registraba en el mes de octubre. No por casualidad, el índice del sentimiento del consumidor -Reuters y Universidad de Michigan- en los EE.UU volvió también a caer en noviembre de 2009, al mínimo de tres meses, registrando la cifra de 66 frente a la de 70,6 alcanzada en octubre anterior. Desafortunadamente, estos índices nos podrían estar presagiando una pésima temporada de ventas en las festividades navideñas -crucial para la mayoría de distribuidores al consumidor final-, confirmando así la reestructuración que se viene dando en la utilización del ingreso disponible por parte de los hogares, al estar prefiriendo el ahorro al consumo: es decir, prefiriendo la prudencia frente a la tradicional irresponsable frivolidad a costa de niveles mayores de gravoso endeudamiento. Ésta es probablemente una de las grandes enseñanzas de la actual crisis: el consumidor podría estar cambiando sus patrones de consumo de forma radical y permanente. Mala señal ésta para las empresas acostumbradas al consumo fácil y desmedido de sus productos, sin ofrecer realmente valor y utilidad objetiva a sus consumidores.
De otra parte, en Italia y España, especialmente, siguen cayendo la inversión y el consumo. La producción Industrial, por ejemplo, disminuyó en ambos países en septiembre de 2009, último mes para el que se tienen cifras, en -5,3% y -1,4%, respectivamente, cuando el promedio de crecimiento en la zona Euro fué del 0,3% en el mismo período. Las ventas al por menor, por su parte, volvieron a caer en septiembre en España en el 1%, al mismo tiempo que en la Europa de los 27 sólamente disminujyeron en un 0,4%.
Es inexplicable, entonces, sino se tiene en cuenta la especulación que todo lo distorsiona, la euforia reinante en el mercado bursátil y la excesiva alegría, quien lo podría imaginar, en el índice bursátil más modesto de Europa -el Ibex 35, que está representado en un más del 60% por sólo cuatro ó cinco empresas españolas- y que, en medio de la actual crisis pronunciada del país y sus lúgubres perspectivas a corto y mediano plazos, ha subido este año en más del 60 por ciento desde los bajos de marzo de 2009.
En las próximas semanas conoceremos los resultados reales de las ventas navideñas en los principales países -las cuales me temo van a ser más modestas de lo esperado por muchos-. Lamentablemente, tendremos que volver a poner los "piés en el suelo", especialmente en el ámbito de los mercados bursátiles y de los despachos ministeriales de muchos países, especialmente en España. Como consecuencia de lo anterior, conoceremos nuevas cifras de desempleo creciente, tanto en Europa como en los EE.UU. y otros países.
Ante este panorama, los gobiernos no deberían desestimar la gravedad de esta Gran Recesión y sus imborrables consecuencias. Sin duda, si desconectamos el respirador artificial de la economía mundial en los próximos meses -como ya lo están insinuando varios políticos prominentes, que debería hacerse pronto-, veremos materializar una nueva caída en la actividad económica mundial, tal y como lo prevée que ocurriría en estas circunstancias, la teoría de la reactivación económica frente a problemas severos de demanda agregada.
Quizas esta penosa situación sea la única razón por la cual la sociedad, al final de todo este doloroso episodio económico y social que ha materializado esta Gran Recesión, se dedicará de manera más seria, febril y sostenida al mejoramiento de los fundamentos claves para un futuro verdaderamente saludable y estable para la sociedad. Y ello sólo se logrará mediante una gran inversión en educación y salud -principalmente-, enfrentando así de una vez por todas las verdaderas causas del penoso cáncer de la pobreza estructural en tantos países hoy en día, incluyendo -claro está- a las principales potencias del mundo.
Sunday, September 6, 2009
LOS BONOS NO VEN RECUPERACIÓN ECONÓMICA
Como bien se sabe, los mercados financieros anticipan -“descuentan”- los acontecimientos económicos que -cuando se pueden ver-, podrían ocurrir en el futuro de la actividad productiva de los países o de las empresas.
Cuando una empresa, por ejemplo, desarrolla una nueva tecnología o lanza al mercado un nuevo producto que cuenta con una gran acogida por parte de expertos y consumidores, el mercado financiero otorga un valor adicional a dicha empresa y, en consecuencia, el valor de su acción aumenta en los mercados bursátiles. Ello es así pues el valor presente de sus flujos de caja futuros ha aumentado de manera significativa. De igual manera, el mercado de bonos reconoce la nueva posición financiera fortalecida en esa empresa y, como resultado, el precio de sus bonos aumenta y el costo de su capital de inversión disminuye. En este mecanismo “automático” de los mercados -el mejor que conocemos, no obstante sus imperfecciones- radica buena parte de la importancia de los mercados financieros y uno de sus mayores beneficios para un país y para una empresa.
Por lo anterior, la actividad positiva o negativa en los mercados financieros ha sido considerada de tiempo atrás como indicador líder de las economías, pues ella nos indica -con cierta anticipación que puede variar de seis a nueve meses- lo que se podría estar gestando en el horizonte económico. Por esta razón, uno de los índices que utiliza la autoridad económica correspondiente -el NBER en los EE.UU, por ejemplo- para determinar la entrada y salida de una recesión es precisamente el índice de la actividad en dichos mercados.
En general, los mercados bursátiles -con su nivel de precios- y los de bonos de gobiernos -con su nivel de “yields” o tasas de retorno- van en ascenso cuando la actividad económica se está desarrollando con vigor. En estas circunstancias los mejores precios de las acciones reflejan las crecientes expectativas de ventas y utilidades futuras para las empresas, al paso que mejores “yields” en los mercados de bonos oficiales señalan el mayor riesgo originado en expectativas de inflación futura, como consecuencia del posible “recalentamiento” de la economía. Lo contrario ocurre cuando la actividad económica se frena y decae; tanto los precios de las acciones como los “yields” de bonos de gobierno tienden a disminuir.
Debido tanto a su solidez técnica, como a su capacidad de análisis de la actividad económica futura, los mercados de bonos se consideran mucho más sofisticados que los mercados bursátiles. Por ello, es interesante que veamos a continuación, en particular, lo que ha acontecido recientemente en el mercado de bonos gubernamentales de los EE.UU.; ello nos permitirá valorar con mayor precisión la situación futura que dichos mercados visualizan.
Cuando la economía mundial se encontraba aún en su fase expansiva en junio de 2007, el mercado de bonos gubernamentales en los EE.UU reflejaba dicha situación. Por ello, los “yields” de los bonos a cinco, diez y treinta años habían venido aumentando en los últimos años y se encontraban a niveles de entre el 5 y el 5,5 por ciento.
A partir del verano de 2007, anticipando la futura llegada de la actual Gran Recesión en la cual aún nos encontramos hoy -declarada por el NBER en diciembre de 2007-, los mercados de bonos de gobierno norteamericanos comenzaron a disminuir los “yields” de manera gradual y muy acentuada, hasta llegar en enero de 2009 a niveles muy bajos -históricamente- del 1,3 por ciento (para el bono a cinco años), casi 2 por ciento (para el bono a diez años) y tan sólo un poco más del 2,5 por ciento (para el bono a 30 años). El mercado de bonos nos anticipó así al derrumbamiento de la actividad económica y, reflejando dicho deterioro, de manera gradual y diciente fue señalando el nivel más bajo requerido en el costo del dinero, en aras de lograr un posible freno al colapso económico que se estaba presenciando.
Como consecuencia de las extraordinarias medidas adoptadas por diversos países -especialmente por los EE.UU- para rescatar a los bancos y estimular la actividad económica -tipos de interés del cero por ciento y miles de millones de dólares en liquidez nueva-, a partir de principios de 2009 los mercados de bonos oficiales empezaron a señalar que la economía mundial se podría reactivar en el futuro y, en consecuencia, iniciaron la elevación de los niveles de los “yields”. No obstante, ante nueva evidencia proveniente especialmente del consumidor que languidecía en su consumo, y en dirección contraria a lo que estaban haciendo las principales bolsas del mundo -que no cesaban su vertiginosa subida iniciada en marzo anterior-, el mercado mucho menos especulativo y más sofisticado de los bonos gubernamentales empezó en junio a mostrar su desconfianza en la anunciada recuperación económica. Por ello, a comienzos de septiembre de 2009, los “yields” se encuentran por debajo de los existentes un año atrás. Mala cosa.
Para complicar aún más el panorama, el pasado mes de julio registró un nivel neutro de consumo en los EE.UU -si se sustrae el subsidio utilizado para la compra de vehículos-, luego de unos meses muy precarios en esta materia. Recuérdese que el consumidor -cerca del 73 por ciento del PIB en ese país- está ahorrando más de lo acostumbrado para proteger su incierto futuro, o porque está modificando de manera estructural y permanente sus prioridades de gasto. Con este hecho, sumado al de unas cifras de desempleo que alcanzarán más del 10 por ciento en los próximos meses, no es posible abrigar esperanzas sostenibles de que la economía norteamericana está en la senda de una pronta y vigorosa recuperación. Expertos como los profesores Krugman y Roubini han elevado ya la probabilidad de una segunda caída seria en la actividad económica en el 2010. El FMI, la OECD y la UE, por el contrario, no hacen sino repetir al mundo que lo peor de la crisis ya ha pasado y que la economía estará de nuevo en la senda del crecimiento en los próximos meses.
En unos meses veremos quien tenía la razón.
Cuando una empresa, por ejemplo, desarrolla una nueva tecnología o lanza al mercado un nuevo producto que cuenta con una gran acogida por parte de expertos y consumidores, el mercado financiero otorga un valor adicional a dicha empresa y, en consecuencia, el valor de su acción aumenta en los mercados bursátiles. Ello es así pues el valor presente de sus flujos de caja futuros ha aumentado de manera significativa. De igual manera, el mercado de bonos reconoce la nueva posición financiera fortalecida en esa empresa y, como resultado, el precio de sus bonos aumenta y el costo de su capital de inversión disminuye. En este mecanismo “automático” de los mercados -el mejor que conocemos, no obstante sus imperfecciones- radica buena parte de la importancia de los mercados financieros y uno de sus mayores beneficios para un país y para una empresa.
Por lo anterior, la actividad positiva o negativa en los mercados financieros ha sido considerada de tiempo atrás como indicador líder de las economías, pues ella nos indica -con cierta anticipación que puede variar de seis a nueve meses- lo que se podría estar gestando en el horizonte económico. Por esta razón, uno de los índices que utiliza la autoridad económica correspondiente -el NBER en los EE.UU, por ejemplo- para determinar la entrada y salida de una recesión es precisamente el índice de la actividad en dichos mercados.
En general, los mercados bursátiles -con su nivel de precios- y los de bonos de gobiernos -con su nivel de “yields” o tasas de retorno- van en ascenso cuando la actividad económica se está desarrollando con vigor. En estas circunstancias los mejores precios de las acciones reflejan las crecientes expectativas de ventas y utilidades futuras para las empresas, al paso que mejores “yields” en los mercados de bonos oficiales señalan el mayor riesgo originado en expectativas de inflación futura, como consecuencia del posible “recalentamiento” de la economía. Lo contrario ocurre cuando la actividad económica se frena y decae; tanto los precios de las acciones como los “yields” de bonos de gobierno tienden a disminuir.
Debido tanto a su solidez técnica, como a su capacidad de análisis de la actividad económica futura, los mercados de bonos se consideran mucho más sofisticados que los mercados bursátiles. Por ello, es interesante que veamos a continuación, en particular, lo que ha acontecido recientemente en el mercado de bonos gubernamentales de los EE.UU.; ello nos permitirá valorar con mayor precisión la situación futura que dichos mercados visualizan.
Cuando la economía mundial se encontraba aún en su fase expansiva en junio de 2007, el mercado de bonos gubernamentales en los EE.UU reflejaba dicha situación. Por ello, los “yields” de los bonos a cinco, diez y treinta años habían venido aumentando en los últimos años y se encontraban a niveles de entre el 5 y el 5,5 por ciento.
A partir del verano de 2007, anticipando la futura llegada de la actual Gran Recesión en la cual aún nos encontramos hoy -declarada por el NBER en diciembre de 2007-, los mercados de bonos de gobierno norteamericanos comenzaron a disminuir los “yields” de manera gradual y muy acentuada, hasta llegar en enero de 2009 a niveles muy bajos -históricamente- del 1,3 por ciento (para el bono a cinco años), casi 2 por ciento (para el bono a diez años) y tan sólo un poco más del 2,5 por ciento (para el bono a 30 años). El mercado de bonos nos anticipó así al derrumbamiento de la actividad económica y, reflejando dicho deterioro, de manera gradual y diciente fue señalando el nivel más bajo requerido en el costo del dinero, en aras de lograr un posible freno al colapso económico que se estaba presenciando.
Como consecuencia de las extraordinarias medidas adoptadas por diversos países -especialmente por los EE.UU- para rescatar a los bancos y estimular la actividad económica -tipos de interés del cero por ciento y miles de millones de dólares en liquidez nueva-, a partir de principios de 2009 los mercados de bonos oficiales empezaron a señalar que la economía mundial se podría reactivar en el futuro y, en consecuencia, iniciaron la elevación de los niveles de los “yields”. No obstante, ante nueva evidencia proveniente especialmente del consumidor que languidecía en su consumo, y en dirección contraria a lo que estaban haciendo las principales bolsas del mundo -que no cesaban su vertiginosa subida iniciada en marzo anterior-, el mercado mucho menos especulativo y más sofisticado de los bonos gubernamentales empezó en junio a mostrar su desconfianza en la anunciada recuperación económica. Por ello, a comienzos de septiembre de 2009, los “yields” se encuentran por debajo de los existentes un año atrás. Mala cosa.
Para complicar aún más el panorama, el pasado mes de julio registró un nivel neutro de consumo en los EE.UU -si se sustrae el subsidio utilizado para la compra de vehículos-, luego de unos meses muy precarios en esta materia. Recuérdese que el consumidor -cerca del 73 por ciento del PIB en ese país- está ahorrando más de lo acostumbrado para proteger su incierto futuro, o porque está modificando de manera estructural y permanente sus prioridades de gasto. Con este hecho, sumado al de unas cifras de desempleo que alcanzarán más del 10 por ciento en los próximos meses, no es posible abrigar esperanzas sostenibles de que la economía norteamericana está en la senda de una pronta y vigorosa recuperación. Expertos como los profesores Krugman y Roubini han elevado ya la probabilidad de una segunda caída seria en la actividad económica en el 2010. El FMI, la OECD y la UE, por el contrario, no hacen sino repetir al mundo que lo peor de la crisis ya ha pasado y que la economía estará de nuevo en la senda del crecimiento en los próximos meses.
En unos meses veremos quien tenía la razón.
Subscribe to:
Comments (Atom)