No había acabado de publicarse ayer el informe de Moody´s sobre los bancos en España, el cual señala la necesidad de reservar cerca de 60.000 millones de euros en adición a los ya reservados hasta la fecha para amortiguar las pérdidas que habrán de llegar en los próximos meses, cuando la banca ya había saltado diciendo que el análisis efectuado por la agencia de calificación de riesgos era erróneo y extremista y, hasta el Banco de España, en declaración más política que técnica -es decir sin ningún contraargumento serio- decía que "...el Banco de España no permitiría nunca que la banca ocultase pérdidas o el deterioro real de sus activos y consideran que Moody's debería detallar mejor cómo realiza sus cálculos...".
Evidentemente, por si acaso no se han leído en la banca y el Banco de España el detallado informe de Moody´s -pues eso es lo que dejan ver sus poco serias reacciones- la agencia ha dicho claramente que "... las pérdidas de las carteras del sector rondarán los 108.000 millones como consecuencia de la crisis actual, y sin embargo, las provisiones a cierre de junio ascendían a 51.000 millones. Destaca que en los primeros seis meses del año, las entidades han generado un saldo neto de dotaciones para insolvencias de 6.300 millones, lo que significa que a este ritmo necesitarían unos cinco años para cubrir la totalidad de las pérdidas previstas...".
Hasta cuándo seguirán pensando los bancos y políticos españoles que los ciudadanos somos ignorantes y materia disponible para una continuada manipulación?
Es evidente que el valor real de los activos bancarios está seriamente sobrevaluado por los administradores de la banca en España. Sino fuera así, cómo se entendería entonces que el país, con el más alto nivel de desempleo en Europa - cerca de 19%, el doble de la media de la zona Euro-; con una fuerte caída registrada y hecha pública en el cumplimiento de las obligaciones financieras que ello acarrea para los consumidores e inversionistas locales; y ante la peor crisis económica de su historia desde el Mercantilismo, tenga una banca intacta, con niveles de activos sólidos pero cuyas bases -los precios de las viviendas y propiedades comerciales otorgadas en garantía- se encuentran seriamente deterioradas?; no es sino ver el caso del Reino Unido o el de los EE.UU, países que no abusaron hasta el extremo con el cual España logró inflar su peor burbuja histórica, para comprender la caótica situación que habrá de ocurrir. La analista de Moody´s lo pone muy bien en sus propias palabras: “numerosas entidades parecen evitar el reconocimiento de la magnitud real del deterioro de la calidad de los activos en sus cuentas”. Cabanyes especifica que mediante las refinanciaciones y los canjes de deuda por activos “se está retrasando el reconocimiento de la morosidad...”.
Hasta cuándo el Banco de España permitirá semejante manejo irresponsable?; o es que se piensa, acaso, que la economía española se va a recuperar en unos pocos meses -en contra de la opinión y las proyecciones de todos los analistas y entidades internacionales expertos en la materia quienes pronostican que la recuperación sólo podría venir en el 2011 -sobre supuestos muy optimistas-, y éso si las cosas no se deterioran aún más en el futuro inmediato. A lo mejor creen que los contribuyentes habremos para entonces olvidado el asunto y pagaremos todas esas pérdidas con miles de millones en subsidios para la banca, o quizás, mediante renovaciones disimuladas y secretas -como fue la característica de los préstamos iniciales- de los créditos que en cuantía equivalente a miles de millones fueron otorgados en abril de 2009 a un término de un año, y al 1 por ciento anual, a los bancos españoles por el Banco Central Europeo -BCE-.
Debería convocarse un referendo en España con el fin de preguntar al ciudadano si tales desafueros son aceptables: ni el gobierno -o desgobierno actual-, ni la oposición -o ausencia real de ella- saldrían bien librados. Que falta de seriedad!
Wednesday, October 14, 2009
Sunday, September 20, 2009
Subir los impuestos en medio de la Gran Recesión?
Definitivamente, el gobierno español va a obligar a la economía de España a postrarse de rodillas y, finalmente, a entrar en Depresión. Y ello probablemente será así, como consecuencia de la subida de impuestos que ya ha anunciado el gobierno de Zapatero -castigando así absurda e imprudentemente el consumo y la inversión, tan necesarios para la recuperación- en momentos en que aún no se han solucionado ni atendido serios problemas de solvencia -muy graves, por cierto- con el sector bancario español, la falta de productividad de la fuerza laboral, la precaria competitividad la economía y -como proporción del PIB- la relativamente baja inversión en Educación, Investigación, Desarrollo e Innovación -motores de un crecimiento futuro sostenido para cualquier economía-.
Constatar que la tasa de desempleo en España -18.5%- es la más alta de todo los países de la OECD y, penosamente, el doble de la media de la de los países de la UE -8.5%-, preocupa ya muchísimo. Pero anticipar que en el 2010 esta tasa de paro será aún mayor -superior al 20%-, tal como lo pronostican todas las entidades internacionales y analistas independientes, sin excepción, debería ser materia de amplio debate público y causa de un cambio drástico en la dirección del manejo que se le ha dado a la economía española en los últimos 25 años. Un manejo que, a todas luces de lo que viene aconteciendo, fue equivocado y sólo benefició a unos pocos constructores y a los bancos quienes, entre otras cosas, se pueden contar con los dedos de una mano.
Además de las pésimas perspectivas de empleo que hoy ensombrecen el panorama económico y social en España, hace unos días el informe de competitividad mundial 2009 del Foro Económico Mundial - WEF en su sigla inglesa- reveló que el país ocupa el puesto 33 en competitividad económica dentro de una lista de más de 130 países analizados y que, además, ha perdido valioso terreno frente al lugar que ocupaba el año anterior - número 29-. Veamos algunos detalles de dicho informe.
La calificación otorgada por el WEF en materia de estabilidad macroeconómica en España es muy mala: el país ocupa el puesto número 62 en el mundo, al mismo nivel que el de varios países del tercer mundo. Según el mismo informe, la transparencia en los procesos de planificación y ejecución de políticas de Estado es muy precaria; en efecto, el país ocupa el lugar número 80 en el mundo.
Vemos con pesadumbre también que la economía española, que a muchos en ese país hacían creer que era la octava potencia del mundo ocupa, según el mismo informe citado, el puesto número 46 en cuanto a eficiencia de mercados se refiere y el 50, en cuanto a la sofisticación de sus mercados financieros. De igual manera, la innovación en el país -herramienta crítica para garantizar un futuro sostenible y sólido de toda economía- es muy pobre: el país ocupa el lugar 40 en el mundo.
En materia de educación las cosas no están tampoco mejor en España. El país ocupa el lugar número 78 en cuanto al nivel de la calidad de su educación secundaria.
En materia laboral, España ocupa el lugar 116 por la rigidez de su sistema, y el puesto número 86 en materia de cooperación entre la clase trabajadora y los empleadores.
Ante las precarias cifras citadas, surge una inquietud legítima en la mente del contribuyente español: a dónde ha ido a parar el enorme esfuerzo tributario de los contribuyentes españoles en las últimas décadas en las cuales la economía ha gozado de su mejor época en la historia moderna?; en dónde están los beneficios concretos para la sociedad -en la magnitud que era de esperarse-, de los miles de millones de Euros en subsidios recibidos de la Unión Europea, a lo largo de todo este tiempo en que España se integró de manera efectiva a la UE?; las cifras comentadas con anterioridad indican que las prioridades sociales y económicas sostenibles no han sido atendidas de manera prioritaria ni efectiva. Lo anterior lo hemos confirmado también de manera más precisa en el informe que sobre Europa publicamos recientemente en este mismo blog. Ver el artículo escrito sobre España y Europa.
Por todo lo que se comenta, será muy difícil que los contribuyentes en España vayan a aceptar a la ligera una nueva subida de impuestos en medio de la tremenda crisis que envuelve a la economía.
Y que no nos quepa la menor duda; como en las corridas de toros -las que tanto gustan en España-, la imposición de nuevos impuestos en medio precisamente de la peor recesión económica sufrida en la últimas cuatro décadas, hará que el país reciba el "puntillazo final" que lo llevará a entrar, definitivamente, en el sendero de un deterioro económico y social continuado. Sendero que nos recuerda de alguna manera al camino seguido por Japón en sus dos décadas perdidas, después de haber gozado de una expansión económica sin precedentes -como la vivida en España en los últimos 15 años-. Debe tenerse presente que todo el desastre económico en Japón en su época -como ahora en España- empezó también con los abusos y excesos en los sectores de la construcción y de la banca, complementados con una enorme pusilanimidad del gobierno.
Constatar que la tasa de desempleo en España -18.5%- es la más alta de todo los países de la OECD y, penosamente, el doble de la media de la de los países de la UE -8.5%-, preocupa ya muchísimo. Pero anticipar que en el 2010 esta tasa de paro será aún mayor -superior al 20%-, tal como lo pronostican todas las entidades internacionales y analistas independientes, sin excepción, debería ser materia de amplio debate público y causa de un cambio drástico en la dirección del manejo que se le ha dado a la economía española en los últimos 25 años. Un manejo que, a todas luces de lo que viene aconteciendo, fue equivocado y sólo benefició a unos pocos constructores y a los bancos quienes, entre otras cosas, se pueden contar con los dedos de una mano.
Además de las pésimas perspectivas de empleo que hoy ensombrecen el panorama económico y social en España, hace unos días el informe de competitividad mundial 2009 del Foro Económico Mundial - WEF en su sigla inglesa- reveló que el país ocupa el puesto 33 en competitividad económica dentro de una lista de más de 130 países analizados y que, además, ha perdido valioso terreno frente al lugar que ocupaba el año anterior - número 29-. Veamos algunos detalles de dicho informe.
La calificación otorgada por el WEF en materia de estabilidad macroeconómica en España es muy mala: el país ocupa el puesto número 62 en el mundo, al mismo nivel que el de varios países del tercer mundo. Según el mismo informe, la transparencia en los procesos de planificación y ejecución de políticas de Estado es muy precaria; en efecto, el país ocupa el lugar número 80 en el mundo.
Vemos con pesadumbre también que la economía española, que a muchos en ese país hacían creer que era la octava potencia del mundo ocupa, según el mismo informe citado, el puesto número 46 en cuanto a eficiencia de mercados se refiere y el 50, en cuanto a la sofisticación de sus mercados financieros. De igual manera, la innovación en el país -herramienta crítica para garantizar un futuro sostenible y sólido de toda economía- es muy pobre: el país ocupa el lugar 40 en el mundo.
En materia de educación las cosas no están tampoco mejor en España. El país ocupa el lugar número 78 en cuanto al nivel de la calidad de su educación secundaria.
En materia laboral, España ocupa el lugar 116 por la rigidez de su sistema, y el puesto número 86 en materia de cooperación entre la clase trabajadora y los empleadores.
Ante las precarias cifras citadas, surge una inquietud legítima en la mente del contribuyente español: a dónde ha ido a parar el enorme esfuerzo tributario de los contribuyentes españoles en las últimas décadas en las cuales la economía ha gozado de su mejor época en la historia moderna?; en dónde están los beneficios concretos para la sociedad -en la magnitud que era de esperarse-, de los miles de millones de Euros en subsidios recibidos de la Unión Europea, a lo largo de todo este tiempo en que España se integró de manera efectiva a la UE?; las cifras comentadas con anterioridad indican que las prioridades sociales y económicas sostenibles no han sido atendidas de manera prioritaria ni efectiva. Lo anterior lo hemos confirmado también de manera más precisa en el informe que sobre Europa publicamos recientemente en este mismo blog. Ver el artículo escrito sobre España y Europa.
Por todo lo que se comenta, será muy difícil que los contribuyentes en España vayan a aceptar a la ligera una nueva subida de impuestos en medio de la tremenda crisis que envuelve a la economía.
Y que no nos quepa la menor duda; como en las corridas de toros -las que tanto gustan en España-, la imposición de nuevos impuestos en medio precisamente de la peor recesión económica sufrida en la últimas cuatro décadas, hará que el país reciba el "puntillazo final" que lo llevará a entrar, definitivamente, en el sendero de un deterioro económico y social continuado. Sendero que nos recuerda de alguna manera al camino seguido por Japón en sus dos décadas perdidas, después de haber gozado de una expansión económica sin precedentes -como la vivida en España en los últimos 15 años-. Debe tenerse presente que todo el desastre económico en Japón en su época -como ahora en España- empezó también con los abusos y excesos en los sectores de la construcción y de la banca, complementados con una enorme pusilanimidad del gobierno.
Sunday, September 6, 2009
LOS BONOS NO VEN RECUPERACIÓN ECONÓMICA
Como bien se sabe, los mercados financieros anticipan -“descuentan”- los acontecimientos económicos que -cuando se pueden ver-, podrían ocurrir en el futuro de la actividad productiva de los países o de las empresas.
Cuando una empresa, por ejemplo, desarrolla una nueva tecnología o lanza al mercado un nuevo producto que cuenta con una gran acogida por parte de expertos y consumidores, el mercado financiero otorga un valor adicional a dicha empresa y, en consecuencia, el valor de su acción aumenta en los mercados bursátiles. Ello es así pues el valor presente de sus flujos de caja futuros ha aumentado de manera significativa. De igual manera, el mercado de bonos reconoce la nueva posición financiera fortalecida en esa empresa y, como resultado, el precio de sus bonos aumenta y el costo de su capital de inversión disminuye. En este mecanismo “automático” de los mercados -el mejor que conocemos, no obstante sus imperfecciones- radica buena parte de la importancia de los mercados financieros y uno de sus mayores beneficios para un país y para una empresa.
Por lo anterior, la actividad positiva o negativa en los mercados financieros ha sido considerada de tiempo atrás como indicador líder de las economías, pues ella nos indica -con cierta anticipación que puede variar de seis a nueve meses- lo que se podría estar gestando en el horizonte económico. Por esta razón, uno de los índices que utiliza la autoridad económica correspondiente -el NBER en los EE.UU, por ejemplo- para determinar la entrada y salida de una recesión es precisamente el índice de la actividad en dichos mercados.
En general, los mercados bursátiles -con su nivel de precios- y los de bonos de gobiernos -con su nivel de “yields” o tasas de retorno- van en ascenso cuando la actividad económica se está desarrollando con vigor. En estas circunstancias los mejores precios de las acciones reflejan las crecientes expectativas de ventas y utilidades futuras para las empresas, al paso que mejores “yields” en los mercados de bonos oficiales señalan el mayor riesgo originado en expectativas de inflación futura, como consecuencia del posible “recalentamiento” de la economía. Lo contrario ocurre cuando la actividad económica se frena y decae; tanto los precios de las acciones como los “yields” de bonos de gobierno tienden a disminuir.
Debido tanto a su solidez técnica, como a su capacidad de análisis de la actividad económica futura, los mercados de bonos se consideran mucho más sofisticados que los mercados bursátiles. Por ello, es interesante que veamos a continuación, en particular, lo que ha acontecido recientemente en el mercado de bonos gubernamentales de los EE.UU.; ello nos permitirá valorar con mayor precisión la situación futura que dichos mercados visualizan.
Cuando la economía mundial se encontraba aún en su fase expansiva en junio de 2007, el mercado de bonos gubernamentales en los EE.UU reflejaba dicha situación. Por ello, los “yields” de los bonos a cinco, diez y treinta años habían venido aumentando en los últimos años y se encontraban a niveles de entre el 5 y el 5,5 por ciento.
A partir del verano de 2007, anticipando la futura llegada de la actual Gran Recesión en la cual aún nos encontramos hoy -declarada por el NBER en diciembre de 2007-, los mercados de bonos de gobierno norteamericanos comenzaron a disminuir los “yields” de manera gradual y muy acentuada, hasta llegar en enero de 2009 a niveles muy bajos -históricamente- del 1,3 por ciento (para el bono a cinco años), casi 2 por ciento (para el bono a diez años) y tan sólo un poco más del 2,5 por ciento (para el bono a 30 años). El mercado de bonos nos anticipó así al derrumbamiento de la actividad económica y, reflejando dicho deterioro, de manera gradual y diciente fue señalando el nivel más bajo requerido en el costo del dinero, en aras de lograr un posible freno al colapso económico que se estaba presenciando.
Como consecuencia de las extraordinarias medidas adoptadas por diversos países -especialmente por los EE.UU- para rescatar a los bancos y estimular la actividad económica -tipos de interés del cero por ciento y miles de millones de dólares en liquidez nueva-, a partir de principios de 2009 los mercados de bonos oficiales empezaron a señalar que la economía mundial se podría reactivar en el futuro y, en consecuencia, iniciaron la elevación de los niveles de los “yields”. No obstante, ante nueva evidencia proveniente especialmente del consumidor que languidecía en su consumo, y en dirección contraria a lo que estaban haciendo las principales bolsas del mundo -que no cesaban su vertiginosa subida iniciada en marzo anterior-, el mercado mucho menos especulativo y más sofisticado de los bonos gubernamentales empezó en junio a mostrar su desconfianza en la anunciada recuperación económica. Por ello, a comienzos de septiembre de 2009, los “yields” se encuentran por debajo de los existentes un año atrás. Mala cosa.
Para complicar aún más el panorama, el pasado mes de julio registró un nivel neutro de consumo en los EE.UU -si se sustrae el subsidio utilizado para la compra de vehículos-, luego de unos meses muy precarios en esta materia. Recuérdese que el consumidor -cerca del 73 por ciento del PIB en ese país- está ahorrando más de lo acostumbrado para proteger su incierto futuro, o porque está modificando de manera estructural y permanente sus prioridades de gasto. Con este hecho, sumado al de unas cifras de desempleo que alcanzarán más del 10 por ciento en los próximos meses, no es posible abrigar esperanzas sostenibles de que la economía norteamericana está en la senda de una pronta y vigorosa recuperación. Expertos como los profesores Krugman y Roubini han elevado ya la probabilidad de una segunda caída seria en la actividad económica en el 2010. El FMI, la OECD y la UE, por el contrario, no hacen sino repetir al mundo que lo peor de la crisis ya ha pasado y que la economía estará de nuevo en la senda del crecimiento en los próximos meses.
En unos meses veremos quien tenía la razón.
Cuando una empresa, por ejemplo, desarrolla una nueva tecnología o lanza al mercado un nuevo producto que cuenta con una gran acogida por parte de expertos y consumidores, el mercado financiero otorga un valor adicional a dicha empresa y, en consecuencia, el valor de su acción aumenta en los mercados bursátiles. Ello es así pues el valor presente de sus flujos de caja futuros ha aumentado de manera significativa. De igual manera, el mercado de bonos reconoce la nueva posición financiera fortalecida en esa empresa y, como resultado, el precio de sus bonos aumenta y el costo de su capital de inversión disminuye. En este mecanismo “automático” de los mercados -el mejor que conocemos, no obstante sus imperfecciones- radica buena parte de la importancia de los mercados financieros y uno de sus mayores beneficios para un país y para una empresa.
Por lo anterior, la actividad positiva o negativa en los mercados financieros ha sido considerada de tiempo atrás como indicador líder de las economías, pues ella nos indica -con cierta anticipación que puede variar de seis a nueve meses- lo que se podría estar gestando en el horizonte económico. Por esta razón, uno de los índices que utiliza la autoridad económica correspondiente -el NBER en los EE.UU, por ejemplo- para determinar la entrada y salida de una recesión es precisamente el índice de la actividad en dichos mercados.
En general, los mercados bursátiles -con su nivel de precios- y los de bonos de gobiernos -con su nivel de “yields” o tasas de retorno- van en ascenso cuando la actividad económica se está desarrollando con vigor. En estas circunstancias los mejores precios de las acciones reflejan las crecientes expectativas de ventas y utilidades futuras para las empresas, al paso que mejores “yields” en los mercados de bonos oficiales señalan el mayor riesgo originado en expectativas de inflación futura, como consecuencia del posible “recalentamiento” de la economía. Lo contrario ocurre cuando la actividad económica se frena y decae; tanto los precios de las acciones como los “yields” de bonos de gobierno tienden a disminuir.
Debido tanto a su solidez técnica, como a su capacidad de análisis de la actividad económica futura, los mercados de bonos se consideran mucho más sofisticados que los mercados bursátiles. Por ello, es interesante que veamos a continuación, en particular, lo que ha acontecido recientemente en el mercado de bonos gubernamentales de los EE.UU.; ello nos permitirá valorar con mayor precisión la situación futura que dichos mercados visualizan.
Cuando la economía mundial se encontraba aún en su fase expansiva en junio de 2007, el mercado de bonos gubernamentales en los EE.UU reflejaba dicha situación. Por ello, los “yields” de los bonos a cinco, diez y treinta años habían venido aumentando en los últimos años y se encontraban a niveles de entre el 5 y el 5,5 por ciento.
A partir del verano de 2007, anticipando la futura llegada de la actual Gran Recesión en la cual aún nos encontramos hoy -declarada por el NBER en diciembre de 2007-, los mercados de bonos de gobierno norteamericanos comenzaron a disminuir los “yields” de manera gradual y muy acentuada, hasta llegar en enero de 2009 a niveles muy bajos -históricamente- del 1,3 por ciento (para el bono a cinco años), casi 2 por ciento (para el bono a diez años) y tan sólo un poco más del 2,5 por ciento (para el bono a 30 años). El mercado de bonos nos anticipó así al derrumbamiento de la actividad económica y, reflejando dicho deterioro, de manera gradual y diciente fue señalando el nivel más bajo requerido en el costo del dinero, en aras de lograr un posible freno al colapso económico que se estaba presenciando.
Como consecuencia de las extraordinarias medidas adoptadas por diversos países -especialmente por los EE.UU- para rescatar a los bancos y estimular la actividad económica -tipos de interés del cero por ciento y miles de millones de dólares en liquidez nueva-, a partir de principios de 2009 los mercados de bonos oficiales empezaron a señalar que la economía mundial se podría reactivar en el futuro y, en consecuencia, iniciaron la elevación de los niveles de los “yields”. No obstante, ante nueva evidencia proveniente especialmente del consumidor que languidecía en su consumo, y en dirección contraria a lo que estaban haciendo las principales bolsas del mundo -que no cesaban su vertiginosa subida iniciada en marzo anterior-, el mercado mucho menos especulativo y más sofisticado de los bonos gubernamentales empezó en junio a mostrar su desconfianza en la anunciada recuperación económica. Por ello, a comienzos de septiembre de 2009, los “yields” se encuentran por debajo de los existentes un año atrás. Mala cosa.
Para complicar aún más el panorama, el pasado mes de julio registró un nivel neutro de consumo en los EE.UU -si se sustrae el subsidio utilizado para la compra de vehículos-, luego de unos meses muy precarios en esta materia. Recuérdese que el consumidor -cerca del 73 por ciento del PIB en ese país- está ahorrando más de lo acostumbrado para proteger su incierto futuro, o porque está modificando de manera estructural y permanente sus prioridades de gasto. Con este hecho, sumado al de unas cifras de desempleo que alcanzarán más del 10 por ciento en los próximos meses, no es posible abrigar esperanzas sostenibles de que la economía norteamericana está en la senda de una pronta y vigorosa recuperación. Expertos como los profesores Krugman y Roubini han elevado ya la probabilidad de una segunda caída seria en la actividad económica en el 2010. El FMI, la OECD y la UE, por el contrario, no hacen sino repetir al mundo que lo peor de la crisis ya ha pasado y que la economía estará de nuevo en la senda del crecimiento en los próximos meses.
En unos meses veremos quien tenía la razón.
Monday, July 27, 2009
La crisis alejará a España de Europa
Según el tamaño de su PIB, la economía española ocupa el decimo segundo lugar en el contexto mundial (ver CIA World Fact Book, 2008), después de las economías de los EE.UU, China, Japón, India, Alemania, Reino Unido, Rusia, Francia, Brasil, Italia y México. No queda la menor duda: después de esta Gran Recesión la economía española perderá mucho terreno dentro del concierto mundial, muy a pesar de sus dirigentes políticos y económicos quienes, entre otras cosas, habían venido insistiendo de manera errónea y bastante curiosa que la economía española era la octava potencia del mundo.
Pero lo más importante para los observadores serios no es el lugar en el que se encuentra posicionada en realidad la economía española dentro del concierto mundial sino, más bien, las condiciones que caracterizaban a dicha economía en la antesala de la grave crisis actual, y aquellas que señalarán las distancias y el enorme terreno perdido una vez podamos volver a ver luz al final de este penoso e incierto túnel por el que nos encontramos atravesando.
Veamos a continuación de manera somera pero muy diciente, el conjunto de indicadores económicos y sociales que definían a España antes de entrar en la presente crisis. Para ello, haré uso de cifras oficiales publicadas por la oficina europea de estadística “EUROSTATS” y, con base en comparaciones relevantes, mantendré siempre una perspectiva clara del posicionamiento de la economía española frente a aquel de la zona Euro en su conjunto; veamos.
En el último año comprendido entre el final del primer trimestre de 2008 y el final del primer trimestre de 2009, el PIB de la economía española decreció en un -3,3 por ciento, luego de haber aumentado en el año inmediatamente anterior en un 2,9 por ciento. Este fue, sin duda, el punto de inflexión en la economía española que marcará la tendencia de los próximos años.
Mientras que la producción industrial se deterioró en la Europa de los 15, en los últimos 12 meses para los cuales se tienen cifras, en un -16,41 por ciento, en España dicho deterioro fue aún más marcado y registró un -20,52 por ciento. Al mismo tiempo, el consumo privado final cayó en -1,9 por ciento en la Europa de los 15 y, en España, el deterioró, mucho mayor, llegó a -4,5 por ciento.
De otra parte, y de acuerdo con las últimas cifras disponibles, la productividad laboral por empleado registró un índice en la zona Euro equivalente al 109,8 (EUR27=100), al paso que en España ese índice fue del 104,8 (5 puntos por debajo del registrado en la zona Euro). En Francia, por ejemplo, dicho índice fue de 121. Así mismo, la productividad laboral, por hora trabajada, alcanzó el índice de 100 en el área de la Europa de los 15, mientras que en España tan sólo llegó a 94,3; En el caso de Francia –por ejemplo- dicho índice fue de 117.
Las situación de las finanzas públicas, por su parte, muestra también un panorama claramente negativo para España. Para finales del 2007, el déficit fiscal en la Europa de los 15 alcanzó una magnitud equivalente al 0,8 por ciento del PIB; esta cifra fue del 3,8 por ciento en España.
El desempleo, como lo sabemos, es quizás una de las variables más sombrías sobre el estado de la economía española; en efecto, mientras que en la zona Euro el paro llegó a finales de mayo de 2009 al 9 por ciento, en España la cifra registró un 18,7 por ciento, más del doble del promedio para Europa.
Del análisis anterior, podríamos concluir que en medio de la actual crisis España ya está perdiendo aceleradamente terreno frente a los demás países que conforman la zona Euro. Sin embargo, las cifras sobre nivel de vida, salud y educación, nos auguran aún mayores sinsabores sociales en los años venideros.
Según las últimas estadísticas disponibles, el índice de desigualdad en los ingresos –el “ratio” entre los ingresos disponibles del 20 por ciento de personas con mayores ingresos de la población, y el de los ingresos disponibles del 20% de personas con menores ingresos- alcanzaba el 4,9 en la Europa de los 15; este mismo indicador llegaba al 5.3 en España. En Francia, dicha cifra era del 3,8.
Por su parte, el porcentaje del total de la población en riesgo de pobreza, después de las transferencias sociales gubernamentales tales como seguro de desempleo, salud y otros pagos similares, era a finales de 2007 del 16 por ciento en la Europa de los 15. En España, una vez más, esta cifra era mucho más negativa y registraba un 20 por ciento. En la Europa de los 15, el gasto total para protección social llegó a finales de 2006 a representar el 27,5 por ciento del PIB. Esta misma estadística fue del 20,9 por ciento para España.
De otro lado, el 75,8 por ciento del total de la población de los jóvenes de 20-24 años en la Europa de los 15 había cursado estudios secundarios a finales de 2008. En España, dicha cifra sólo alcanzaba el 60 por ciento. Así mismo, el 16,9 por ciento de todos los jóvenes de la Europa de los 15, entre los 18-24 años, registraban los niveles más bajos de escolaridad secundaria a finales de 2007. En España, dicha cifra alcanzaba el 31 por ciento.
Finalmente, al terminar el 2007 España tenía 330,2 camas hospitalarias por cada 100.000 habitantes. Téngase en cuenta que en 1997 existían 382,9 camas. Por su parte, a finales de 2005 la Europa de los 15 contaba con 570,7 camas por cada 100.000 habitantes. Francia, por ejemplo, contaba con 829,1 camas a finales de 2006.
La conclusión es clara. España está mal y, probablemente, estará peor después de la crisis.
Pero lo más importante para los observadores serios no es el lugar en el que se encuentra posicionada en realidad la economía española dentro del concierto mundial sino, más bien, las condiciones que caracterizaban a dicha economía en la antesala de la grave crisis actual, y aquellas que señalarán las distancias y el enorme terreno perdido una vez podamos volver a ver luz al final de este penoso e incierto túnel por el que nos encontramos atravesando.
Veamos a continuación de manera somera pero muy diciente, el conjunto de indicadores económicos y sociales que definían a España antes de entrar en la presente crisis. Para ello, haré uso de cifras oficiales publicadas por la oficina europea de estadística “EUROSTATS” y, con base en comparaciones relevantes, mantendré siempre una perspectiva clara del posicionamiento de la economía española frente a aquel de la zona Euro en su conjunto; veamos.
En el último año comprendido entre el final del primer trimestre de 2008 y el final del primer trimestre de 2009, el PIB de la economía española decreció en un -3,3 por ciento, luego de haber aumentado en el año inmediatamente anterior en un 2,9 por ciento. Este fue, sin duda, el punto de inflexión en la economía española que marcará la tendencia de los próximos años.
Mientras que la producción industrial se deterioró en la Europa de los 15, en los últimos 12 meses para los cuales se tienen cifras, en un -16,41 por ciento, en España dicho deterioro fue aún más marcado y registró un -20,52 por ciento. Al mismo tiempo, el consumo privado final cayó en -1,9 por ciento en la Europa de los 15 y, en España, el deterioró, mucho mayor, llegó a -4,5 por ciento.
De otra parte, y de acuerdo con las últimas cifras disponibles, la productividad laboral por empleado registró un índice en la zona Euro equivalente al 109,8 (EUR27=100), al paso que en España ese índice fue del 104,8 (5 puntos por debajo del registrado en la zona Euro). En Francia, por ejemplo, dicho índice fue de 121. Así mismo, la productividad laboral, por hora trabajada, alcanzó el índice de 100 en el área de la Europa de los 15, mientras que en España tan sólo llegó a 94,3; En el caso de Francia –por ejemplo- dicho índice fue de 117.
Las situación de las finanzas públicas, por su parte, muestra también un panorama claramente negativo para España. Para finales del 2007, el déficit fiscal en la Europa de los 15 alcanzó una magnitud equivalente al 0,8 por ciento del PIB; esta cifra fue del 3,8 por ciento en España.
El desempleo, como lo sabemos, es quizás una de las variables más sombrías sobre el estado de la economía española; en efecto, mientras que en la zona Euro el paro llegó a finales de mayo de 2009 al 9 por ciento, en España la cifra registró un 18,7 por ciento, más del doble del promedio para Europa.
Del análisis anterior, podríamos concluir que en medio de la actual crisis España ya está perdiendo aceleradamente terreno frente a los demás países que conforman la zona Euro. Sin embargo, las cifras sobre nivel de vida, salud y educación, nos auguran aún mayores sinsabores sociales en los años venideros.
Según las últimas estadísticas disponibles, el índice de desigualdad en los ingresos –el “ratio” entre los ingresos disponibles del 20 por ciento de personas con mayores ingresos de la población, y el de los ingresos disponibles del 20% de personas con menores ingresos- alcanzaba el 4,9 en la Europa de los 15; este mismo indicador llegaba al 5.3 en España. En Francia, dicha cifra era del 3,8.
Por su parte, el porcentaje del total de la población en riesgo de pobreza, después de las transferencias sociales gubernamentales tales como seguro de desempleo, salud y otros pagos similares, era a finales de 2007 del 16 por ciento en la Europa de los 15. En España, una vez más, esta cifra era mucho más negativa y registraba un 20 por ciento. En la Europa de los 15, el gasto total para protección social llegó a finales de 2006 a representar el 27,5 por ciento del PIB. Esta misma estadística fue del 20,9 por ciento para España.
De otro lado, el 75,8 por ciento del total de la población de los jóvenes de 20-24 años en la Europa de los 15 había cursado estudios secundarios a finales de 2008. En España, dicha cifra sólo alcanzaba el 60 por ciento. Así mismo, el 16,9 por ciento de todos los jóvenes de la Europa de los 15, entre los 18-24 años, registraban los niveles más bajos de escolaridad secundaria a finales de 2007. En España, dicha cifra alcanzaba el 31 por ciento.
Finalmente, al terminar el 2007 España tenía 330,2 camas hospitalarias por cada 100.000 habitantes. Téngase en cuenta que en 1997 existían 382,9 camas. Por su parte, a finales de 2005 la Europa de los 15 contaba con 570,7 camas por cada 100.000 habitantes. Francia, por ejemplo, contaba con 829,1 camas a finales de 2006.
La conclusión es clara. España está mal y, probablemente, estará peor después de la crisis.
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Monday, July 20, 2009
España va por el mismo camino del Japón

NIKKEI 225
Fuente: Financial Times
Reflexionando sobre el caso del Japón y el pésimo desenvolvimiento de su economía en los últimos 25 años, ilustrado en el gráfico anterior por su mercado bursátil visto a través de su índice Nikkei 225 –el cual agrupa a las empresas más sólidas de la segunda potencia más grande del mundo-, no puedo dejar de pensar en mi época de estudiante universitario a comienzos de la década de los 1970s. Y lo digo, porque me encontraba adelantando mi especialización en desarrollo económico y el modelo por excelencia que nos señalaban nuestros profesores, día tras día, como paradigma de lo que debería ser el proceso de desarrollo y crecimiento de una economía y de su admirable política económica era, sin lugar a duda, el modelo envidiable de la economía Japonesa.
Qué ironía. Nunca se me hubiera ocurrido imaginarme que, tan sólo unos años más tarde, la economía japonesa sería un ejemplo a no seguir, pues ella entraría en un ciclo de crecimiento negativo prolongado y severo que, visto de manera retrospectiva, ya va a cumplir 20 años. Dos décadas perdidas. Con un coste de oportunidad económico y social enorme y casi imposible de cuantificar.
Todos sabemos que el daño estructural a la economía japonesa se inició en los desajustes profundos que se desbordaron en la actividad bancaria y en el sector de la construcción. Los bancos, de un lado, prestaron sin límite para construir y adquirir vivienda, generando un enorme riesgo que luego destruiría la solidez financiera del país; la industria de la construcción, por su parte, hizo también caso omiso de la prudencia y la sensatez, reflejándose ello en que –antes de iniciarse la ruinosa destorcida de precios en ese país, a comienzos de 1990-, el valor total de los activos inmobiliarios en la ciudad de Tokio superaba al valor total de toda la finca raíz en los EE.UU.
Hago el breve recuento anterior, pues no puedo dejar de pensar tampoco en lo que viene aconteciendo en la economía mundial desde hace dos o tres años, y especialmente en España. Nos encontramos en una profunda recesión la cual ha sido generada, esta vez también por la banca y la construcción. Como en Japón, los abusos y desafueros de unos cuantos banqueros y unos pocos empresarios de la construcción, apoyados activa o pasivamente por los gobiernos de turno en los países en el corazón del huracán actual, han postrado a la economía globalizada del siglo XXI, llevándola al borde del precipicio económico y social.
El profesor Martin Felstein de la universidad de Harvard, y expresidente del comité de la NBER encargado de declarar el inicio y final de las recesiones en los EE.UU, ha dicho a comienzos de julio que la economía se recuperará en los próximos trimestres, para volver luego a entrar de nuevo en recesión. De otro lado, el profesor Paul Krugman, Nobel de economía y profesor de la universidad de Princeton, escribió en días pasados en su columna del new York Times que se requiere con urgencia otro gran paquete de estímulo fiscal, si es que no se quiere ver a la economía seguir la senda de la Gran Depresión. Como si ello fuera poco, el profesor Martin Wolf -Editor Económico del Financial Times- nos ha mostrado, en su trabajo publicado en ese diario el 16 de junio de 2009, que la economía mundial se encuentra en la actualidad siguiendo muy de cerca el camino de la Gran Depresión, en los primeros 18 meses de su trayectoria.
Los gobiernos de los diferentes países directamente involucrados en esta crisis y afectados sin límite por ella –ahora y en el futuro- deberían atender las palabras del señor Joe Biden, vicepresidente de los EE.UU, quien declaró en medio de las celebraciones del 4 de julio en su país que, lamentablemente, se había subestimado en el seno del gobierno la gravedad y severidad de la actual recesión. N
No más engaños y palabras huecas, por favor. A prepararnos y a trabajar juntos para poder afrontar con éxito el severo temporal que vendrá. No creemos que regalos a la banca ni ayuditas financieras para comprar motos y otros vehículos sea el camino serio y adecuado para afrontar las consecuencias de una posible Gran Depresión II. Ante todo, tenemos que trabajar sin pausa por aliviar la enorme carga de millones de desempleados y sus familias. Ese es el gran reto!
Saturday, July 4, 2009
Gran Depresión II?
En noviembre de 2008 escribí un artículo para Dossier Empresarial en Madrid, España (ver www.dossierempresarial.com, en las columnas de Opinión) sobre la imperante necesidad de tratar de evitar la posible ocurrencia de otra Gran Depresión como la de los años 1930s.
Ahora que acaban de publicarse las pésimas cifras de desempleo en los EE.UU y en la UE, registrando un persistente empeoramiento de la situación, no obstante los trillones de dólares que se han invertido en el rescate de los más grandes bancos del mundo y en el enorme estímulo fiscal implementado por los gobiernos de los países más relevantes, me parece útil volver sobre lo que se dijo entonces. En esos días escribía lo siguiente:
"La crisis financiera actual es, probablemente, la más grave desde la Gran Depresión de los años treinta. Alan Greenspan, quien fuera presidente de la Reserva Federal, no ha dudado en calificarla como un evento que sólo se presenta cada 100 años. El profesor Nouriel Roubini, de la Universidad de Nueva York que hace más de dos años pronosticó la actual situación, vaticina que esta crisis se convertirá en una profunda y larga recesión combinada con deflación. El FMI, la OCDE, el Banco Mundial y la Comisión Europea -que venían corrigiendo a la baja en los últimos trimestres sus previsiones de crecimiento económico- han confirmado en los últimos días que el mundo industrializado estará en recesión al terminar el 2008 y en 2009. Todos coinciden en que España e Irlanda serán los países afectados de manera más severa como consecuencia de sus graves desajustes internos originados en la industria de la construcción. JPMorgan estima una contracción del PIB en el cuarto trimestre de 2008 del 4% en los EE.UU., del 3% en el Reino Unido y del 2% en la zona Euro. Para 2009, sus economistas proyectan una pérdida adicional del 0,5% en el PIB de los países avanzados. Las cifras que están dándose a conocer y la velocidad en su deterioro, auguran un problema aún mayor en los meses venideros. Por ejemplo, el Banco de Inglaterra estima en su último Reporte de Estabilidad Financiera que las pérdidas originadas en los instrumentos de deuda vulnerables a la actual crisis llegarían a 2.800 billones de dólares, equivalentes al doble de la suma prevista por el FMI tan sólo hace un par de meses. No quisiéramos imaginar la iliquidez y la insolvencia que una cifra de tal magnitud podría generar en el sistema financiero y el aparato productivo mundial. Las pérdidas ya conocidas han ocasionado una aguda aceleración en el deterioro de la economía real en el mundo.
Así mismo, preocupa sobremanera que las cifras de desempleo se estén deteriorando de forma acelerada y tan temprano en esta crisis. En los EE.UU. se acaba de anunciar que la economía perdió 240.000 empleos en el mes de octubre de 2008. En España viene ocurriendo un fenómeno similar pero aún más acentuado, si se tiene en cuenta el tamaño mucho más pequeño de su economía frente a la de los EE.UU. (más de diez veces menor). Cabe recordar que, como es tradicional en estos ciclos, los empresarios evitan cortar empleos a comienzos de una recesión, al tener excesiva confianza en una pronta recuperación.
De otra parte, el serio deterioro registrado en las corrientes de comercio internacional y en el gasto del consumidor en los principales países del mundo –industrializados y emergentes- y su mayor recorte previsto en esta época navideña, vaticinan nuevos y pronunciados ajustes negativos en las previsiones de crecimiento económico. Ante todo ello, vuelve a aflorar el debate académico de tantos años: ¿debe intervenir la autoridad económica ante la inminencia de una depresión o de una recesión severa?
De una parte, la escuela clásica económica –Hayek y seguidores- partidaria del libre mercado y de la no intervención del gobierno en la corrección del ciclo económico, considera que la depresión es necesaria y que, a través de ella, se 'liquidan' de manera natural las ineficiencias y desajustes provocados por excesos en la expansión de la oferta monetaria -el crédito bancario, por ejemplo, para adquirir activos tales como viviendas, acciones, etc.-. Los economistas clásicos consideran que la intervención del Gobierno ante la ocurrencia de una recesión sólo lleva a agravar y a extender la crisis aún más de lo necesario y recuerdan que la duración de la etapa de 'liquidación' tardará tanto más cuanto más haya tardado la etapa de excesos en el ciclo previo de expansión.
De otra parte, la escuela económica keynesiana –Keynes y seguidores- ofrece una visión totalmente contraria y, en consecuencia, considera esencial e inaplazable la intervención del Gobierno –a través del gasto fiscal deficitario- ante la aparición de la recesión, especialmente si se busca contrarrestar los devastadores efectos ocasionados por el creciente paro y el colapso del consumo y la inversión privada. Ante este dilema, los diversos países del mundo empiezan a posicionarse. Por un lado, el nuevo presidente de los EE.U.U. y el Primer Ministro británico son partidarios de la reactivación económica keynesiana. Por el otro, Alemania –en especial- y Francia manifiestan sus temores ante una posible ruptura de la disciplina fiscal. Charles Kindleberger, en su libro sobre la Gran Depresión, recordaba de qué manera el mundo tenía siempre dificultades insuperables para diseñar, coordinar e implementar políticas frente a problemas comunes, especialmente cuando de reuniones internacionales se trataba. Veremos que ocurrirá este fin de semana en la reunión del G20 en Washington. Es muy probable que surja claridad sobre cómo se habrá de manejar la actual crisis y, sobre todo, si podrá manejarse de manera coordinada y con efectividad para evitar una nueva Gran Depresión."
Pues bien, han transcurrido siete meses desde que se escribió este artículo y, de manera lamentable, todo parece indicar que los gobiernos de las grandes potencias han sido incapaces de coordinar de manera contundente y efectiva la reactivación de la economía mundial. Las cifras de desempleo comentadas arriba, así lo avalan.
Y lo que es más preocupante aún, radica en las conclusiones recientes a las que han llegado algunos destacados estudiosos del panorama económico mundial, tales como el profesor Krugman de la universidad de Princeton y el director económico del Financial Times, el Sr. Martin Wolf -entre muchos otros-; de una parte, el Sr. Wolf, en su artículo publicado en el FT el 16 de junio pasado demuestra que los primeros 18meses de la actual crisis han seguido la evolución de las principales variables macroeconómicas -producción industrial, comercio exterior, oferta monetaria y balances fiscales- de manera muy cercana, pero con mayor severidad, a aquella registrada en igual período a partir del comienzo de la Gran Depresión en 1929. Por su parte, el profesor Krugman en su último artículo del New York Times, publicado ayer -"That´30 Show"-, anticipa la inminente necesidad de implementar un nuevo plan de estímulo fiscal, si es que se desea evitar el agravamiento de la actual debacle, y recomienda al presidente Obama y a su equipo económico no tardar en hacerlo, no obstante las dificultades políticas inherentes.
Habida cuenta de lo anterior, creo que hoy es más probable que hace un año, que nos encontremos entrando en el "callejón sin salida" de la Gran Depresión II.Sin duda, los economistas aprenderemos extraordinarias lecciones de política económica buena y mala en los meses que vienen. Lamentablemente, la sociedad con su enorme y creciente desempleo sufrirá sin medida.
Ahora que acaban de publicarse las pésimas cifras de desempleo en los EE.UU y en la UE, registrando un persistente empeoramiento de la situación, no obstante los trillones de dólares que se han invertido en el rescate de los más grandes bancos del mundo y en el enorme estímulo fiscal implementado por los gobiernos de los países más relevantes, me parece útil volver sobre lo que se dijo entonces. En esos días escribía lo siguiente:
"La crisis financiera actual es, probablemente, la más grave desde la Gran Depresión de los años treinta. Alan Greenspan, quien fuera presidente de la Reserva Federal, no ha dudado en calificarla como un evento que sólo se presenta cada 100 años. El profesor Nouriel Roubini, de la Universidad de Nueva York que hace más de dos años pronosticó la actual situación, vaticina que esta crisis se convertirá en una profunda y larga recesión combinada con deflación. El FMI, la OCDE, el Banco Mundial y la Comisión Europea -que venían corrigiendo a la baja en los últimos trimestres sus previsiones de crecimiento económico- han confirmado en los últimos días que el mundo industrializado estará en recesión al terminar el 2008 y en 2009. Todos coinciden en que España e Irlanda serán los países afectados de manera más severa como consecuencia de sus graves desajustes internos originados en la industria de la construcción. JPMorgan estima una contracción del PIB en el cuarto trimestre de 2008 del 4% en los EE.UU., del 3% en el Reino Unido y del 2% en la zona Euro. Para 2009, sus economistas proyectan una pérdida adicional del 0,5% en el PIB de los países avanzados. Las cifras que están dándose a conocer y la velocidad en su deterioro, auguran un problema aún mayor en los meses venideros. Por ejemplo, el Banco de Inglaterra estima en su último Reporte de Estabilidad Financiera que las pérdidas originadas en los instrumentos de deuda vulnerables a la actual crisis llegarían a 2.800 billones de dólares, equivalentes al doble de la suma prevista por el FMI tan sólo hace un par de meses. No quisiéramos imaginar la iliquidez y la insolvencia que una cifra de tal magnitud podría generar en el sistema financiero y el aparato productivo mundial. Las pérdidas ya conocidas han ocasionado una aguda aceleración en el deterioro de la economía real en el mundo.
Así mismo, preocupa sobremanera que las cifras de desempleo se estén deteriorando de forma acelerada y tan temprano en esta crisis. En los EE.UU. se acaba de anunciar que la economía perdió 240.000 empleos en el mes de octubre de 2008. En España viene ocurriendo un fenómeno similar pero aún más acentuado, si se tiene en cuenta el tamaño mucho más pequeño de su economía frente a la de los EE.UU. (más de diez veces menor). Cabe recordar que, como es tradicional en estos ciclos, los empresarios evitan cortar empleos a comienzos de una recesión, al tener excesiva confianza en una pronta recuperación.
De otra parte, el serio deterioro registrado en las corrientes de comercio internacional y en el gasto del consumidor en los principales países del mundo –industrializados y emergentes- y su mayor recorte previsto en esta época navideña, vaticinan nuevos y pronunciados ajustes negativos en las previsiones de crecimiento económico. Ante todo ello, vuelve a aflorar el debate académico de tantos años: ¿debe intervenir la autoridad económica ante la inminencia de una depresión o de una recesión severa?
De una parte, la escuela clásica económica –Hayek y seguidores- partidaria del libre mercado y de la no intervención del gobierno en la corrección del ciclo económico, considera que la depresión es necesaria y que, a través de ella, se 'liquidan' de manera natural las ineficiencias y desajustes provocados por excesos en la expansión de la oferta monetaria -el crédito bancario, por ejemplo, para adquirir activos tales como viviendas, acciones, etc.-. Los economistas clásicos consideran que la intervención del Gobierno ante la ocurrencia de una recesión sólo lleva a agravar y a extender la crisis aún más de lo necesario y recuerdan que la duración de la etapa de 'liquidación' tardará tanto más cuanto más haya tardado la etapa de excesos en el ciclo previo de expansión.
De otra parte, la escuela económica keynesiana –Keynes y seguidores- ofrece una visión totalmente contraria y, en consecuencia, considera esencial e inaplazable la intervención del Gobierno –a través del gasto fiscal deficitario- ante la aparición de la recesión, especialmente si se busca contrarrestar los devastadores efectos ocasionados por el creciente paro y el colapso del consumo y la inversión privada. Ante este dilema, los diversos países del mundo empiezan a posicionarse. Por un lado, el nuevo presidente de los EE.U.U. y el Primer Ministro británico son partidarios de la reactivación económica keynesiana. Por el otro, Alemania –en especial- y Francia manifiestan sus temores ante una posible ruptura de la disciplina fiscal. Charles Kindleberger, en su libro sobre la Gran Depresión, recordaba de qué manera el mundo tenía siempre dificultades insuperables para diseñar, coordinar e implementar políticas frente a problemas comunes, especialmente cuando de reuniones internacionales se trataba. Veremos que ocurrirá este fin de semana en la reunión del G20 en Washington. Es muy probable que surja claridad sobre cómo se habrá de manejar la actual crisis y, sobre todo, si podrá manejarse de manera coordinada y con efectividad para evitar una nueva Gran Depresión."
Pues bien, han transcurrido siete meses desde que se escribió este artículo y, de manera lamentable, todo parece indicar que los gobiernos de las grandes potencias han sido incapaces de coordinar de manera contundente y efectiva la reactivación de la economía mundial. Las cifras de desempleo comentadas arriba, así lo avalan.
Y lo que es más preocupante aún, radica en las conclusiones recientes a las que han llegado algunos destacados estudiosos del panorama económico mundial, tales como el profesor Krugman de la universidad de Princeton y el director económico del Financial Times, el Sr. Martin Wolf -entre muchos otros-; de una parte, el Sr. Wolf, en su artículo publicado en el FT el 16 de junio pasado demuestra que los primeros 18meses de la actual crisis han seguido la evolución de las principales variables macroeconómicas -producción industrial, comercio exterior, oferta monetaria y balances fiscales- de manera muy cercana, pero con mayor severidad, a aquella registrada en igual período a partir del comienzo de la Gran Depresión en 1929. Por su parte, el profesor Krugman en su último artículo del New York Times, publicado ayer -"That´30 Show"-, anticipa la inminente necesidad de implementar un nuevo plan de estímulo fiscal, si es que se desea evitar el agravamiento de la actual debacle, y recomienda al presidente Obama y a su equipo económico no tardar en hacerlo, no obstante las dificultades políticas inherentes.
Habida cuenta de lo anterior, creo que hoy es más probable que hace un año, que nos encontremos entrando en el "callejón sin salida" de la Gran Depresión II.Sin duda, los economistas aprenderemos extraordinarias lecciones de política económica buena y mala en los meses que vienen. Lamentablemente, la sociedad con su enorme y creciente desempleo sufrirá sin medida.
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Thursday, July 2, 2009
Unemployment getting out of hand: Spain is the big loser
Figures just released by statistical agencies both in the USA and the EU are showing that unemployment is hitting multiple-year records. We are following the path of the first years of the Great Depression. Readers are certainly encouraged to read Martin Wolf´s "The recession tracks the Great Depression", published in the Financial Times on 16 June 2009.
On the one hand, in the United States 467.000 jobs were lost in June and the unemployment rate hit a 26-year high of 9.5%; forecasters were expecting a loss of 363.000 jobs; almost 15 million people are now unemployed at the end of June in this country. This could be an indication that the Obama Fiscal Stimulus Package might not be working as previously expected.
On the other hand, the Euro area unemployment rate reached 9.5% at the end of May while it was 7.4% a year earlier. The May figure is the worst in a decade and meant that 15 million people were also unemployed in this region at the end of this month.
The worst performance was registered by Spain -18.7%-, whilst the lowest rate was recorded in the Netherlands -3.2%-. The highest rate of youth unemployment was also observed in Spain -36.9%-. And the highest female unemployment rate was also recorded in the same country -19%-. This is clearly part of the cost of past abuses. And what a huge social and economic cost it is.
Spaniards should start realizing that they will be facing longer years of serious economic stagnation and adjustment, as a result of irresponsible governments and bad economic and social policies developed over the last 15 years -when the economy was fundamentally growing on the basis of an oversize construction industry allowed and encouraged by the governments in those years-.
Spaniards lost a golden opportunity as their economy was not widely and effectively diversified when billions of Euros in subsidies came in from the EU. They failed badly to sustainably grow and diversify their industrial and export sectors and strengthen their education and R&D. Instead they behaved like if they could afford living on credit forever. It is clear that Spain could not live just on beaches and over-construction for ever.
Spain now lags most industrialised countries in all key economic and social areas and will be unable to reach their living standards easily. They went through a similar situation when they lost their Empire over 300 years ago, as a result of high debt and inflation, poor Economic Policy, worse social strategies and overall, lack of vision for the future.
Paul Kennedy, the brilliant Historian from Yale, recently stated that Spain will be one of the big losers of the current crisis and will remain a big loser.
On the one hand, in the United States 467.000 jobs were lost in June and the unemployment rate hit a 26-year high of 9.5%; forecasters were expecting a loss of 363.000 jobs; almost 15 million people are now unemployed at the end of June in this country. This could be an indication that the Obama Fiscal Stimulus Package might not be working as previously expected.
On the other hand, the Euro area unemployment rate reached 9.5% at the end of May while it was 7.4% a year earlier. The May figure is the worst in a decade and meant that 15 million people were also unemployed in this region at the end of this month.
The worst performance was registered by Spain -18.7%-, whilst the lowest rate was recorded in the Netherlands -3.2%-. The highest rate of youth unemployment was also observed in Spain -36.9%-. And the highest female unemployment rate was also recorded in the same country -19%-. This is clearly part of the cost of past abuses. And what a huge social and economic cost it is.
Spaniards should start realizing that they will be facing longer years of serious economic stagnation and adjustment, as a result of irresponsible governments and bad economic and social policies developed over the last 15 years -when the economy was fundamentally growing on the basis of an oversize construction industry allowed and encouraged by the governments in those years-.
Spaniards lost a golden opportunity as their economy was not widely and effectively diversified when billions of Euros in subsidies came in from the EU. They failed badly to sustainably grow and diversify their industrial and export sectors and strengthen their education and R&D. Instead they behaved like if they could afford living on credit forever. It is clear that Spain could not live just on beaches and over-construction for ever.
Spain now lags most industrialised countries in all key economic and social areas and will be unable to reach their living standards easily. They went through a similar situation when they lost their Empire over 300 years ago, as a result of high debt and inflation, poor Economic Policy, worse social strategies and overall, lack of vision for the future.
Paul Kennedy, the brilliant Historian from Yale, recently stated that Spain will be one of the big losers of the current crisis and will remain a big loser.
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